24 de abril
Fue un día muy especial. Después de un año aprendiendo español con Dean en línea y saludando a su esposa, Nancy, desde las llamadas por Zoom, ¡finalmente pasamos tiempo juntos en Oaxaca!
Dean es un estudiante que conocí en la escuela donde trabajaba hasta hace dos meses. Por esto, se me podría llamar “ladrona de estudiantes”. Sin embargo, si existe la ladrona de libros, ¿qué no exista una de estudiantes? De ladrones de estudiantes existe la misma cantidad de tutores y tutoras en las escuelas alrededor de Oaxaca, aunque esto les rompa el corazón a nuestros empleadores/as. Siempre, por una buena causa, como lo demuestra Markus Zusak; que la vida se desarrolla en una escala de grises.
Tuve clases presenciales con Dean durante las 4 semanas que estuvo sin su esposa en Oaxaca. Nos vimos principalmente en 2 cafés: Cafébre y Flor Cacao. Una experiencia chistosa es que en el segundo café un día nos fuimos sin pagar la cuenta. Cuando Dean se acordó, les dijo que regresaría al siguiente día. Al siguiente día, Dean se estaba llevando el dinero con todo y la carpeta porta cuenta. Estoy segura de que fuimos los peores clientes.
Para la quinta semana, recibimos la visita de su esposa, para quien era la primera vez en Oaxaca. Dean tenía muchos lugares que compartir con ella y con B, una amiga de la escuela de español a la que había invitado a la experiencia. Teníamos que asegurarnos de que todo marchara a la perfección. Todo estaba listo para visitar 3 pueblos: San Bartolo Coyotepec, San Martín Tilcajete y Santo Tomás Jalieza. De repente, Dean dijo que se le hacía muy caro el precio. Entonces le expliqué por qué puede parecer así. Es por estar pagándole a dos personas: al chófer y a mí.
Algunas personas ven como una desventaja no tener un carro, ni los permisos para una licencia de turismo, ni siquiera una licencia de conducir automovilística (tengo de moto), yo lo veo como una ventaja. Me permite enfocarme en la gente. No tengo que preocuparme por el estacionamiento o estresarme por el tráfico porque casi todo el tiempo voy platicando con mis clientes.
Mi conductor es una persona de confianza, atento y servicial que ya sabe todo el movimiento. Por ejemplo, en Tilcajete me gusta caminar a lo largo de la calle principal que está llena de pequeños talleres familiares y murales hasta llegar a la plaza central. El señor Miguel nos baja donde termina el campo y empiezan las casas y se va a esperarnos al otro lado del parque, lo cual es perfecto porque nos permite atravesarlo y mirar los pequeños puestos de vendedores de alebrijes.
Lo que me dijo Dean, por supuesto que me sorprendió porque no se me hacía un gringo de la categoría “Mexico is so cheap”. Incluso me hizo sentir mal, como una carera. No obstante, después del tour, él se sinceró conmigo y me dijo que era B la que quería que él regateara conmigo. No me molesté porque entiendo la actitud con la que muchos extranjeros visitan este lugar, solo me pone triste que nosotros no podamos visitar sus países con sus monedas privilegiadas mientras ellos vienen a querer ahorrarse unos euros a costa de nuestro trabajo. Esto solo evidencía que los mexicanos/oaxaqueños hemos sido percibidos como “la mano de obra barata” sin ser apreciados como personas bien chambeadoras con sueños y, ¿por qué no?, con ambiciones. ¿Acaso no podemos reclamar ese derecho por ser hijos de generaciones sobre-explotadas?
B es de Alemania, eso dice mucho sobre violencia y abuso. Lo digo puesto que no fui la única, entré a un taller donde había encontrado el alebrije de cactus perfecto para ella. el artesano se lo ofreció en $1,300 MXN, pero ella dijo: $1,000 o nada. No entiendo las razones personales por las que al señor no le quedó más que aceptar. Yo, controversiada por la situación, no supe qué decir. Ella era mi cliente. Hemos sido educados de forma en la que “el cliente tiene siempre la razón”. Nunca aprendimos un protocolo de cuando el cliente está usando la jerarquía a su favor. También quería cuestionar al señor, ¿por qué aceptó? Habría que analizar toda la situación. Habría quedado yo misma como una hipócrita pues YO MISMA LES OFRECÍ UN DESCUENTO EN ESE TOUR. Concluí que la pregunta era más para mí que para el artesano.
Lo que rescato de esa experiencia es que al llegar a los puestos del parque, una artesana me preguntó: ¿usted los trae? Naturalmente dije que sí. Entonces me agradeció. Dijo que hay guías que ni siquiera los dejan bajarse a caminar, que se los llevan directamente a los talleres con los que tienen acuerdos de llevar gente por una comisión. Es verdad que en las compras en los talleres sobre la calle y en los puestos de los parques nadie me dio comisión, pero ¿qué importa cuando mi objetivo es hacer tours con consciencia? Desde el inicio de este proyecto, mi intención fue hacerlo diferente, respetuosamente. No sabía si lo estaba logrando, pero esa señora me dio una gran retroalimentación.
Al final, dentro de tantos matices creo que todos nos tuvimos el día que deseábamos. Ojalá todos nos hayamos quedado con una reflexión, mucho aprendizaje y un gran día de exploración.
NOTA: Mis observaciones hacia las actitudes de mis clientes no las hago desde el juicio, sino desde la instrospección. Nada en este blog es personal. Por el contrario, tiene la intención de extender una invitación a empezar una conversación que tome en cuenta las dos perspectivas: local-internacional.

