Chicatana
¿Comer insectos? Sí, en Oaxaca comemos una variedad. Entre ellos: las chicatanas, que son un tipo de hormiga grande con alas. Salen en las primeras lluvias de la temporada. Mi mamá me cuenta que cuando era niña, las recolectaban entre todos los niños con coladores mientras volaban. En ese entonces, daban unos cuantos manotazos al aire y agarraban bastantes. Ahora, si sabes dónde está el hormiguero, como Doña Acasia, comes hormigas “limpias”. Si no, con la suerte de que tu banqueta no esté pavimentada o de que haya un pedazo de tierra cerca de tu casa, sal a caminar a primera hora de la mañana después de la primera tormenta o de un par de días lluviosos. El problema es que, como dice Doña Acasia, “esas hormigas ya están sucias. Ya caminaron todo por ahí donde hace popó el perro”. A lo cuál me surgió la duda: ¿no se lavan antes de comer?
Como es una tradición con la que yo no estaba familiarizada, no prestaba atención a esos detalles. Sin embargo, el 5 de junio según mi diario, escribí lo siguiente:
“Puse mi alarma a las 6. Me levanté hasta las 7. Habría querido más, pero dije: es suficiente. Paseé a Spikey y me encontré a un buen de vecinos recolectando chicatanas. Lo cual me hizo sentir agradecida conmigo misma pues es es un evento único de temporada. Yo les tomaba fotos y ellas (mayormente mujeres y niñas) las recogían. A algunas personas les dije: ¡Aquí hay una! Con otras incluso platiqué: ¿no muerden cuando las agarra? Ya al final, me atreví a intentarlo. Sostuve a una de las alas para meterla a la bolsa de plástico de una señora que ya traía un buen bultito café rojizo.”
5 de julio del 2026, Santa Cruz Xoxocotlán
Ese evento me cambió la perspectiva, pues quería quedarme acostada como un día a mi abuela Josefina le inyectaron una medicina que la durmió para siempre. Ese día apareció un vació en el corazón de mi mamá que yo llené en el vientre. Desde entonces y sin saberlo fui leal a esa ausencia. La he buscado en la vida y en la muerte. Celebro cada 5 de junio, su nacimiento y conmemoro cada 16 de enero, su fallecimiento. Jamás imaginé que, este año, cuando la buscara, la encontrara entre la gente, entre la lengua materna, entre una tradición de familia oaxaqueña; pues somos mente, cuerpo y corazón entretejidos.
Sin poder separar cada segmento de la humanidad, me hizo muy feliz observar a niñas, temprano en la mañana, mirando atentamente a la tierra, capaces de colaborar con sus ancestras, de compartir con el resto de las personas deseando una hormiga más para su salsa, dispuestas a continuar con la alimentación que nos heredaron los zapotecas e instruyéndose en su lengua materna, sea español o indígena.
Sé que no crecí con mi abuela materna, una presencia clave para la vida de cualquier infancia. Aún así, todos compartimos tierra, gente, herencia, idioma. Es decir, compartimos IDENTIDAD. Aunque no me la haya transmitido directamente mi abuela, he absorbido lo que quizás otros dieron por hecho por haber tenido a la suya. Solo espero que no estemos dando por hecho nuestras raíces, pues cuando los anuncios turísticos dicen que Oaxaca es mágico, se equivocan. Este lugar no tendría magia sin su gente. La pregunta es ¿en quién nos está convirtiendo la folklorización y quiénes somos en la privacidad de nuestro hogar?
Un claro ejemplo: un plato de puerco en salsa de chicatana que se pone fino en el restaurante mientras que en la casa de mi vecina pide perdón por haber pisado popó de perro.
Al final, yo solo me quedo preguntándome: ¿qué otras costumbres me estoy perdiendo de esta impredecible ciudad y su gente mística? ¿tal vez otra que mi abuela no me pudo explicar y me tocará aprender a través de una abuela más en la historia de mi vida que le explica a su nieta mientras yo chismoseo?
No suena descabellado si pensamos en términos de CRIANZA COMUNITARIA. Algo así como operación hormiga, pero con la educación de las nuevas generaciones, ¿como yo?
¡¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE!!
Almú, San Martín Tilcajete

