Rasgos de personalidad esquizofrénica
Hay cinco fases del aprendizaje en la pedagogía que explicaré según mi experiencia en los talleres de cuento que he tomado con el admirable Kurt Hackbatch:
La absorción: Es la fase sensorial e inicial. El estudiante observa, escucha o interactúa con el entorno y recibe estímulos o datos nuevos.
El desequilibrio cognitivo: El cerebro compara lo que acaba de recibir con sus experiencias previas. Si la información es nueva o contradictoria, se genera un estado de confusión temporal.
Asimilación: El estudiante relaciona, organiza y ajusta esa nueva información, haciéndola encajar en su estructura mental sin modificarla por completo.
Acomodación: Si el nuevo conocimiento no encaja, la mente se reestructura. El individuo modifica sus esquemas mentales previos para comprender la nueva realidad.
Interiorización: El proceso culmina con el aprendizaje. La información nueva se vuelve permanente y aplicable.
Llegué a su onceava edición en el verano del 2023, cuando estaba decidida a tomar más talleres de escritura con la esperanza de convertirme en una mejor escritora. Me empecé a involucrar mucho en los que ofrece La Biblioteca Henestrosa por solo $50 pesos de inscripción. El primero fue LITERATURA DE EMERGENCIA. Agradezco que después de solo uno haya llegado a los de Kurt pues definitivamente no hay punto de comparación. Su conocimiento, su forma de explicar, sus payasadas, una mezcla de gringadas con oaxaqueñismos después de toda una vida viviendo en esta ciudad; cómo no mencionar sus observaciones que a veces te rompían el corazón. Había que ir preparada emocionalmente para cada sesión.
Como resultado de cada sesión, teníamos que escribir nuestro propio cuento usando las herramientas a prendidas a lo largo de 10 sábados. Mi primer cuento se llamó GUIXDA, en el que hablo de una enfermedad zapoteca, de un abuso sexual infantil y cómo esta creencia regional no fue suficiente para explicar lo que le pasó a Yuunisa. Recibió buenas críticas hablando de redacción, pero me quedé corta en la verosimilitud. Mi segundo cuento se llamó YOO BAZOO, mi segundo título en zapoteco porque aunque esa lengua se quedó dormida en mi familia con mi bisabuela, mi vida para siempre estará marcada por la lengua de las nubes. Este lo escribí en el 2024 cuando decidí recursar. A este le fue peor, me compararon con algún escritor contemporáneo pero de los que te sofocan de calor. Lo cual era la intención, pues en 10 páginas maté a mi abuelo paterno al caerle la casa familiar encima en el minuto o dos que duró el terremoto del 2017. Tengo que bajarle dos rayitas, al parecer, para que el lector no tenga que detener la lectura para recuperar la respiración.
Para el verano del 2025, todo cambió. A Kurt ya le habían ofrecido un trabajo en el Canal 11. Sería el encargado de hablar de la situación política México-Estados Unidos. Era una gran oportunidad, pero entonces el taller ese verano tendría que cambiar a formato virtual. Esa fue mi excusa para ya no escribirme. No quería confesarme a mí misma que me había rendido pues por más que había absorbido tanta información, aún no la podía reproducir. En vez de eso, me había provocado un desequilibrio cognitivo y baja autoestima como escritora. Dejé de escribir cuentos. No pensé que fuera una gran pérdida, de todas formas yo vengo de la poesía. ¿¡Cómo llegué a fantasear que algún día podría aprender a describir cuando lo mío es esconder!? No puedes cambiar lo que en estructura eres, supose. Sin embargo, siempre hay algo en tu interior que no avisa que sigue trabajando aún después de tu rendición. Creí haber entendido en clase, cuando Kurt explicaba y esos maravillosos ejemplos. Ese fue mi proceso de asimilación. La verdad es que era todo tan ajeno a mí, que mi mente necesitó un proceso más: el de acomodación (silenciosa en mi caso).
El fin de semana del 10 de mayo que viajé a Tehuantepec, tuve un sueño lúcido. Es la segunda vez que vivo algo así. La primera vez era una niña sin las herramientas para escribir lo que habría sido una película de guerra, según el sentimiento con el que desperté. Esta vez, desperté con la idea de que sería un cuento. Dudé escribirlo. Luego recordé que cada que me acuerdo del primer sueño, me arrepiento de haberlo dejado pasar porque ahora no recuerdo los detalles suculentos. En todos estos años, he aprendido que solo tienes que empezar para que tomar rienda suelta. Así que antes de irnos al cine, mientras desayunábamos mis manos no paraban sobre la mesa. Le agradezco la paciencia a mi mamá pues pensábamos ir a la función de las 4 p.m. y terminamos llegando para la de las 5:30. Y eso que no terminé.
Procrastiné de regreso a la capital, hasta que un jueves, que tenía unas horas libres, solo empecé. De repente, era la escritora que prestaba atención a los detalles que se me pasaban hasta el 2024 en el taller. Me pregunté: ¿De dónde viene esto? ¿Qué no que no había aprendido nada, que había sido un fracaso? Entonces entendí lo que dice mi terapeuta: Mi trabajo no termina al final de la sesión. Tú cerebro, mente e inconsciente lo toman, viven las fases del aprendizaje hasta la interiorización. Se lo empecé a decir a mis estudiantes también. Por que sí, amigos, nuestra ardilla sigue corriendo a pesar de habernos rendido, de no ver los resultados que queremos y de no darnos cuenta. Soy evidencia viva de ese proceso. A partir de esta experiencia seré más paciente con mi proceso de aprendizaje pues hablamos de una habilidad que se puede algo así como cuantificar: la calidad de la escritura. Aún así, me tomó tan solo tres años atestiguar una mejora y yo aquí creyéndome la más inteligente al pensar que lo podría hacer inmediatamente después de un taller y la más burra al no cumplir mis propias expectativas. Mi pregunta ahora es: ¿cuánto toman los procesos emocionales, psicológicos y de inconsciencia que estoy desaprendiendo para reaprender en mi psicoanálisis sistémico?
En fin, si quieres escuchar/ver/leer mi último cuento: RASGOS DE PERSONALIDAD ESQUIZOFRÉNICA, lo puedes encontrar aquí desde YouTube:

